Project Description

Puta hace sexo anal griego en Bilbao
Puta madurita para sexo anal en Bilbao
Dar por culo a madurita sexy en Bilbao

Ainhoa, madurita vasca euskaldun. Todos los servicios.

Ainhoa.

Aldeana de Bilbao de 40 años.

Me encanta dar placer y que me lo des.

Ama de casa de muy buen ver, discreta y natural.

Con ganas de disfrutar.

Una vasca muy completa… digo sí a todo.

Todos los servicios:

  • Ducha erótica.
  • Masaje anal.
  • Sexo anal.
  • Caricias.
  • Francés natural
  • Todas las posturitas.

Discreta y muy implicada.

LITERATURA ERÓTICA


Texto extraído de «Sus olorcillos en el metro»

Autor: josequique

Nos desnudamos por completo. Ella se tendió sobre la gran cama y yo procedí a explorar con mi lengua cada rinconcito de su sexo, metiendo la lengua en las profundidades de sus cavidades palpitantes. Eli no paraba de suspirar y alentarme: ¡Más, José, más! ¡Ahí, sigue ahí! De pronto comenzó a respirar con fuerza, tensó su cuerpo y se puso a temblar mientras tenía un orgasmo que le duró bastante tiempo.

Cuando se calmó me pidió que me tumbara a su lado y me dijo: Ahora es mi turno. Es difícil de explicar lo que Eli me hizo sentir ya que nunca jamás había disfrutado de tanto placer. Con besitos tiernos y caricias de su lengua fue recorriendo todo mi cuerpo. Al llegar al sexo jugueteó con mis testículos y besó mi pene que estaba duro como una piedra. Luego se lo tragó como si estuviera disfrutando de una deliciosa golosina. Así estuvo un rato hasta que le pedí que parara ya que no quería correrme aun. Quería penetrarla.

Nos besamos y ella con la mano dirigió mi pene hacia su intimidad. Nos abrazamos, la besé y nos fundimos en un vaivén delicioso hasta que coincidimos en una explosión de placer que nos dejó exhaustos.

Con cuidado de no salirme de su intimidad y gracias a que me duran las erecciones bastante tiempo, giramos hasta que ella reposó sobre mi pecho y yo la abracé. Así estuvimos un buen rato, hablando, besándonos, en silencio. Mi pene se había ido aflojando pero aún mantenía una cierta tensión. Notaba los movimientos de succión de su vagina. Poco a poco Eli comenzó a moverse y a besarme. Yo respondía a sus requerimientos. Entonces me dijo: José, quiero más. Yo le contesté: Yo también.

Ella se colocó encima de mí. Mi pene erecto la penetró hasta sus profundidades desencadenando una mezcla de dolor y placer. Me volvía loco verla allí sobre mí, moviéndose para sentirme más, balanceaba sus abundantes pechos delante de mi cara y yo mordisqueaba sus pezones de vez en cuando. Cuando llegamos cerca del clímax Eli se echó sobre mí y yo comencé a bombear con rapidez hasta que nos abrazamos con fuerza mientras nos estremecíamos de placer.