Anabel, algo diferente…

Anabel, algo diferente… 2018-10-15T08:42:59+00:00

Project Description

Puta y masjista madurita de lujo en Bilbao
Puta madurita masajista erótica en Bilbao
Sensual masajista erótica en Bilbao

Anabel, sensual madurita. Algo diferente.

Hola, soy Anabel.

Una sensual madurita de 45 años especializada en MASAJES RELAJANTES Y ERÓTICOS EN CAMILLA.

Imagínate mis manos recorriendo suavemente tu cuerpo,…
…mi cuerpo desnudo resbalando sobre el tuyo,…
…mis piernas entrelazadas con las tuyas…
…y mis pechos firmes y turgentes sobre ti.

Déjame que te enseñe lo que es el placer con mayúsculas, el máximo placer, y ya, de paso, aprovechemos el calentón para acabar como tú prefieras.

Soy una mujer educada, elegante, seductora y muy viciosa.

Tengo juguetitos para ti o para mi.

Llámame y te informo de todo.

No recibo números ocultos.

Lunes a viernes, de 11 a 8 de la tarde.

Total discreción.

LITERATURA ERÓTICA


Texto extraído de “La margarita deshojada”

Autor: CuentaRelatos

La mano de Maggie prosiguió su camino hasta el paquete, y comenzó a masajearlo con lujuria, fuerza y nada de delicadeza. Ángel se recostó en el sofá, extendiendo los brazos y agarrándose al mismo. Por fin sus labios se separaron, y de entre ellos emanó un gemido suave que inundó de pasión los oídos de Maggie. Aquella verga, todavía oculta bajo la ropa, creció con una velocidad pasmosa. Para cuando Ángel quiso darse cuenta, Maggie estaba desabrochándole el pantalón. Se incorporó un poco para ver cómo ella se lo iba bajando con cierta ansia, para después mirarle a los ojos en un tono mezcla de súplica y necesidad. Él frunció el ceño, y con mirada grave la tomó por la cabeza, y sin ningún esfuerzo la empujó hacia su dura verga.

Maggie se la introdujo prácticamente entera. Ángel sentía cómo los labios se cerraban en torno al tronco y cómo su capullo alcanzaba la garganta. Aquello lo colmó de placer, mientras Maggie se deleitaba mamando, al mismo tiempo que masajeaba los huevos con una mano, clavando sus largas uñas blancas de vez en cuando. Ángel volvió a recostarse, sumido nuevamente en el placer. Sus ojos se cerraban y su boca hacía lo contrario, para exhalar un largo y prolongado gemido de placer a la vez que sus manos se aferraban al reposabrazos del sofá, pues justo después comenzó a sufrir los temblores que anuncian la inminente corrida.

De pronto Maggie sintió el pegajoso y ardiente líquido que manaba de la polla de Ángel llenar toda su boca, una cantidad nada desdeñable que no pudo evitar que se filtrase hacia fuera. Se tragó cuanto pudo, disfrutando gozosa con cada gota que expulsaba la aprisionada verga. Cuando por fin despegó los labios, liberando a su presa, Maggie utilizó su lengua para relamer algunos restos en su boca, mirando a su amante jadear tumbado en el sofá.

Para cuando Ángel pudo recuperarse, su polla yacía pegada a su abdomen, algo brillante y pegajosa. Miró a Maggie, profundamente agradecido, e incorporándose decidió que era el momento de recompensarla. Delicadamente la hizo tumbarse en el mismo sofá, retirándole la ancha falda y posteriormente la braga de encaje de color negro. Ante él tenía un coño muy gordo, de labios pronunciados y completamente depilado. Palpó primero con el dedo corazón, cosa que hizo a Maggie estremecerse ansiando lo que estaba por venir. Y lo que estaba por venir era la carita de Ángel, pegada a su sexo, con la cabeza metida entre las piernas, con una lengua larga y flexible sumergiéndose en el interior de su cuerpo.

Las manos de Ángel masajeaban sus piernas, sobre todo sus gruesos muslos. Aquella combinación de masaje y “comida” estaban conduciendo a Maggie al éxtasis. Aquella lengua se movía como si llevara pilas, de forma nerviosa. Pero fue la boca acaparadora de su amante lo que más le gustaba, pues se había abierto en un ángulo casi imposible. Sus ojos la observaban con cierto grado de indiferencia mientras bajo la nariz todo era lo contrario. Maggie comenzó a gemir disfrutando de cada lametón, de cada movimiento, sutil o no, dilatándose a una velocidad pasmosa.

“¡Aparta, aparta!” le gritó Maggie a Ángel para que cesase su comida, puesto que estaba a punto de correrse. Así que Ángel retiro la cara, mostrando una boca pringada de fluidos transparentes y brillantes.

Cuando Maggie estaba a punto, su amante volvió a hundir rápidamente su cabeza y a comerle el coño a un mayor ritmo todavía. Aquello hizo que Maggie tuviese un orgasmo al instante. Cerró los ojos con fuerzas mientras echaba todo lo que llevaba tanto tiempo guardando, sin que Ángel apartase su cara ni cerrase su boca. A pesar de los espasmos y de la masa corporal de Maggie, aquella cara permaneció fijada a la entrepierna sin dejar de lamer y succionar.