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Andrea, fascinante escort rumana

Andrea.

19 años.

Encantadora escort rumana que te seducirá desde el momento en que la veas en persona.

Educada, elegante y discreta.

Andrea es una joven escort muy implicada que desprende sensualidad y erotismo por cada poro de su piel.

No pierdas la oportunidad de conocerla o te arrepentirás.

Fotos reales.

Visa.

Parking discreto.

24 horas.

LITERATURA ERÓTICA


Texto extraído de «Cena de empresa»

Autor: Carlos López

Mis manos abiertas sobre el cuello de ella acariciaban todos sus detalles, mientras ella había puesto las suyas a los lados de mi abdomen, bajo mis costillas, y me atraía contra su cuerpo. A pesar del agua las notaba calientes. Poco a poco fui desplazando una de mis manos a su pecho, cubriéndolo, abarcándolo… presionándolo sobre la ropa empapada. Su duro pezón se clavaba en la palma de mi mano a través de la ropa, pugnando por romperla completamente rígido… la lluvia, y la excitación lo mantenían así, y yo lo acariciaba con mis dedos incrementando delicadamente mi presión.
Nada más oír el gemido que salió espontáneamente de su garganta supe cómo iba a acabar la noche. Iba a acabar en sexo puro. Sexo desnudo bajo la lluvia entre dos casi-desconocidos que acababan de tener un enfrentamiento absurdo. Era una mezcla extraña de sensaciones… estábamos perdidos en medio de la nada y bajo una tormenta torrencial, aunque ninguno de nosotros sentía ningún frío en ese momento.
Ella con decisión pero algo temblorosa introdujo sus manos en el cuello de mi camisa haciendo que se desprendiesen dos botones. Fue algo muy sensual, sus manos acariciando mi pecho después de haber roto los botones de mi camisa. Entonces dijo con timidez y casi en voz baja “Por favor, ¿puedes hacerme sexo oral?”. Con total educación, como quien pide “puedes acercarme ese papel”. Yo, con la misma educación, contesté “Claro que sí”. Joder, yo lo estaba deseando y el hecho de que me lo pidiera incrementó el nivel de ebullición de mi sangre, que hacía ya minutos se había concentrado en alguna parte concreta de mi cuerpo. Una parte que estaba muy muy pegada a ella.
Aún ahora me excito al recordarlo… allí apoyada en el coche, bajo la lluvia, completamente empapados con la ropa pegada a nuestros cuerpos, la noche cerrada… y aún me dijo casi infantilmente queriendo corresponder “luego puedo hacértelo yo a ti…”.