Bea, gordita con clase

Bea, gordita con clase 2018-05-18T16:12:39+00:00

Project Description

Puta valenciana gordita en Bilbao
Follar con una gorda en Bilbao
Sexo con gorda en Bilbao

Bea, curvas con mucha clase

Hola, soy Bea.

Una valenciana gordita con clase y muy natural.

30 años.

Mi deseo es conocer caballeros educados a los que les gusten las mujeres con buenas curvas.

¿Quieres pasar los mejores momentos de placer a mi lado?

Te espero!

De 11 a 20 horas.

LITERATURA ERÓTICA


Texto extraído de “Lidia”

Autor: Iván Lasso

Cuando atrapé con mi tela de araña a mi presa, pude contemplar ante mí la encarnación del desenfreno más absoluto, la carnalidad del deseo salvaje. Aquellas desmesuradas y desafiantes ubres se habían convertido en dos fortalezas derruidas por su propio peso y el de los años pretéritos, esparciéndose sobre una serie de colinas y pliegues que concluían sobre una montaña de gran contorno. Poseían aquellas colosales mamas, ahora desmoronadas, la belleza etérea de las ruinas de una ciudad que envuelven y atrapan con su misterio. Largas estrías surcaban su superficie, como senderos formados por los caminantes al viajar por un bosque, llegando hasta un espacio dominado por la aureola del pezón que, lóbrego como una noche sin estrellas, se extendía llamativamente en cada pecho, portando el estandarte de un pezón pétreo y envarado.

Bajo ellos, unos ribetes flácidos de grasa caían a los costados de una cintura tan sólo ligeramente abocetada. El ombligo coronaba una inmensa y lisa barriga. Bajo toda aquella desmadejada humanidad, se ocultaba un sexo densamente poblado por un vello negro y rizado. Cada mechón resplandecía a la luz con el reflejo de su humedad. Negar que bebí de aquel germen de pecado y lujuria sería como negar que el sol sale cada mañana.

Me perdí en ella antes de que fuese consciente de mis deseos concretos. Tanto calor flotaba en el ambiente que no tardó en convertirse aquello en una cruenta batalla sexual. Cada uno se afanaba en extraer al demonio del éxtasis por su vía orgiástica antes de que el otro lo consiguiera. Yo le tendía emboscadas entre las ondulaciones de sus carnes, escondiéndome bajo las grasas que se deslizaban flácidamente a lo ancho de su mole, mientras ella me infligía apasionadas heridas en puntos que hasta yo mismo desconocía.

Hundí mi miembro en su vagina, en su boca, en su ano. Ella se entregó a mí con la misma pasión con que yo a ella. En cuestión de horas, no hubo depravación que no hubiésemos probado, juego al que no hubiésemos jugado, fantasía que no hubiésemos realizado.