Carol, venezolana con curvas de infarto

Carol, venezolana con curvas de infarto 2017-12-19T13:50:14+00:00

Project Description

Puta madurita sexy y complaciente en Bilbao
Puta madurita con curvas en Bilbao
Guapa escort venezolana en Bilbao

Carol, sensual  madurita venezolana

Carol.

Espectacular MILF venezolana de 35 años.

Curvas de infarto.

Piel suave y labios que invitan a besarlos.

Belleza, elegancia y pasión.

Supercomplaciente y completa.

Horario: de 10 a 20 h.

¿Te invito a una copa y nos conocemos?

Te espero impaciente.

LITERATURA ERÓTICA


Texto extraído de “La casa de campo”

Autor: Caballerocapagris

Nuestros ojos se cruzaron en ese instante pero ninguno dijimos nada. Aparté la manta para facilitarle el acceso. Se echó encima de mi sin llegar a tumbarse. Puso una de sus manos sobre mi pene. Éste descansaba sobre mi ombligo. Al sentir el calor de sus manos me estremecí y sentí que aun estaba un poco larga. Esto, unido al mareo que tenía, me indicaba que no había pasado mucho tiempo desde que me quedé dormido. Empezó a masturbarme lentamente, la sentía de lado, apoyada en la almohada, su cara estaba cerca de la mía. Solo pronunció una frase, que aun hoy en día despierta mis deseos más salvajes y primitivos:

– Esto queda aquí, solo es un sueño.

El calor de su cuerpo calentaba el mío más que la manta, que ya reposaba en el suelo. Mi pene no tardó en llegar a su máximo tamaño, ella siguió masturbándome un poco más; ahora besándome. Nuestras lenguas se entrecruzaban como las de dos adolescentes enamorados.

Sentí su lengua recorriendo mis pechos y abdomen. La sentía húmeda y se movía traviesa. Noté como poco a poco bajaba a la par que ella se acomodaba más hacia los pies de la cama. Me agarró el paquete por los huevos, dejando la polla muy erguida. Notaba el capullo muy vivo; de repente, sentí un baño húmedo que recorrió la polla lentamente desde el capullo hasta abajo del todo. Lentamente sentí como el calor húmedo subía y luego vuelta a bajar. En una de las subidas la lengua se quedó dando vueltas por el capullo. Apenas se veía nada, solo su sombra. Otro flash de relámpago volvió a iluminarnos. Pude ver sus ojos posados sobre los míos, como si ella sí pudiera verme en la oscuridad de la noche, mientras movía la lengua en torno a mi punta enrojecida. La imagen de su cara viciosa se me quedó grabada en la mente como una foto, hecha por la naturaleza con ese flash de tormenta.
Mi excitación se multiplicó. Ella se levantó y se sentó sobre mi vientre. Con una mano me levanto un poco la cabeza y me la metió entre sus pechos. Sentí la dureza de los pezones. Los lamí ávido, recorriendo con la lengua lo que intuí como aureola en cada uno de ellos.