Catalina, elegante y sensual

Catalina, elegante y sensual 2018-04-09T15:33:11+00:00

Project Description

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Catalina, bella y sensual escort.

Hola, soy Catalina, una bella y sensual escort que nunca defrauda.
Muy implicada y deseosa de conocer caballeros elegantes y educados con los que disfrutar del mejor sexo.
Soy una joven muy elegante y cariñosa.
Llámame, estoy disponible para ti.
Piso discreto y agradable.
Copita y parking gratis.
Visa.
Edad: 28 años

LITERATURA ERÓTICA


Texto extraído de “Afectividad y sexualidad”

Autor: CuentaRelatos

Cuando fui a sentarme me dijo “no me sueltes” y yo obedecí. Entonces él puso sus brazos sobre los míos y seguimos mirando las luces que giraban en la pantalla como hipnotizados. Sólo nos movíamos para un sorbito de ron.

Tengo borroso el momento en que empecé a depositar besitos en su oreja y en su cuello, lentamente, sólo con los labios y un pequeño chasquido, mientras él seguía acariciando mis brazos… (hay hombres que van directo a los senos cuando quieren seducir pero olvidan cuán erótica puede ser una caricia bien hecha en un codo o en una muñeca). Me cansé de pie y me senté. La conversación cambió de tono y empezamos a hablar de nosotros mismos, de cómo nos conocimos, qué pensamos de cada uno y yo le dije que siempre me pareció un tipo apuesto pero que lo veía inalcanzable. Cada vez hablábamos más de cerca. Me preguntó “por qué inalcanzable” y yo le volví a decir “me pareces inalcanzable” y ¡por fin! Se acercó y nos besamos.

Qué boca tan deliciosa tiene ese hombre y qué emoción la de dar un beso tan esperado, de sólo escribirlo ya me está palpitando el clítoris… Primero sólo con los labios, de esos besos románticos en los que uno estira un poco los labios de la pareja con los suyos propios para luego volverlos a juntar y poco a poco aparecieron las lenguas. Todo iba despacio, delicioso, como yo lo había soñado. Al rato me puse de pie y volví a abrazarlo por detrás mientras seguía sentado, entonces él ya no llevó sus manos a mis brazos sino a mis caderas y piernas. Entre mis piernas parecía haber un pequeño corazón que palpitaba también “pum, pum”.