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Dakota, sobran las palabras!

Dakota.

Preciosidad de 20 añitos.

Guapa colombiana con un cuerpo que sobran las palabras.

Muñequita preciosa y traviesa.

Servicios muy completos.

Te recibo en piso discreto y acogedor.

Fotos reales.

24 horas de placer.

LITERATURA ERÓTICA


Texto extraído de «Anita, mi vecina preferida»

Autor: Cuentarelatos

-¿Me la chupas?

Con la cabeza asintió e inmediatamente se dirigió ese pedazo de carne a la boca, empezó con un lengüetazo en mi cabecita que hizo que casi perdiera el equilibrio a causa de la sensación, ya que me encontraba de pie. Después empezó a pasar su lengua por todo el entorno de mi falo, hasta que finalmente se la introdujo en la boca. Una sensación de placer se apoderó de todo mi cuerpo, sentir esa boca tibia, húmeda y deseosa de placer, llegué pensar que provocaría una pronta eyaculación de mi parte.

-Levántate, quiero acariciar tu raja que ha de estar bien jugosa.

Se puso de pie y comencé a besarla en la boca y en el cuello mientras mi mano derecha acariciaba uno de sus senos y la izquierda tocaba esas nalgas que como lo había imaginado todo era firmeza. Empecé a levantar su vestido para llegar hasta sus bragas las cuales eran de hilo dental, esta bella prenda me hizo soltar un suspiro de excitación mientras ella jugueteaba con mi miembro.

-¡Ooooooh, Manolo, Manolo! quiero que me cojas y que me metas esa vergota y me desgarres las entrañas.

En ese momento casi le arranqué el vestido, le desabroché el sostén con mucha facilidad y empecé a bajar la tanga que traía. A su vez ella me quito la sudadera que traía para después arrancarme la playera hasta quedar totalmente desnudos. En ese momento la aventé al sillón y me esperaba como si ya la fuera a penetrar, en esos momentos me hinqué, empecé a acercar mi rostro a ese monte de Venus para finalmente llegar a mamarle esa rajita que ya estaba escurriendo los exquisitos y aromáticos líquidos corporales. Cuando introduje mi lengua por su vágina inmediatamente después empezó a decir:

-¡Sigue Manolo!, ¡no pares, por favor!, ¡sigue!, ¡qué rico!, ¡no te detengas! ¡sigue!

Me separé un poco para tomar aire y vi un hermoso culo, chiquito, respingón y pálido, sin tardar me acerqué a chuparle ese delicioso ojete, mientras con un dedo se lo introducía en su rajita. Mi lengua recorrió todo su ano y empecé a tratar de introducir mi lengua traviesa en ese pequeño orificio que despedía un olor delicioso.