Fernanda Souza, la travesti perfecta

Fernanda Souza, la travesti perfecta 2018-10-09T11:05:53+00:00

Project Description

Guapa travesti muy femenina en Bilbao
Sexo anal, griego profundo en Bilbao
Travesti femenina con lencería sexy en Bilbao

Fernanda, travesti muy femenina y sexy

Fernanda Souza.

Travesti brasileña sexy y muy guapa.

23 años.

Fotos reales.

Si te gusta una Travesti muy femenina y sexy, no busques más, soy la travesti perfecta.

Me encanta la fiesta y el vicio.

Estoy siempre lista, con lencería muy sensual, esperándote.

Horario 24.

Salidas hotel y domicilio.

LITERATURA ERÓTICA


Texto extraído de “La fábrica”

Autor: Martina Lemmi

Evelyn hurgó dentro del mismo cajón del cual su amiga había extraído el consolador y, luego de rebuscar durante unos segundos, dio con lo que al parecer buscaba: un pote sin etiqueta que le tendió a Rocío, el cual, inferí, contendría vaselina o algún lubricante. Rocío, entretanto, me dejó de un solo manotazo la tanga por las rodillas y luego, sin más trámite, se dedicó a empastarme bien el agujerito que estaba a punto de ser visitado una vez más: fue inevitable que me volvieran las imágenes de la fiesta de despedida y, sobre todo, del momento en que me habían dejado atada, desvalida y con un consolador en el culo mientras ellas se iban de juerga. Mi lucha interna, la batalla entre las Soledades, recrudeció una vez más: porque recordar ese momento me provocaba temblor en las rodillas y me llenaba de espanto, pero, a la vez, estando así, inclinada sobre el escritorio de Evelyn y a punto de ser penetrada analmente con ese demencial objeto por Rocío, sentía que, en algún secreto lugar de mi interior, había extrañado esa sensación e, inconscientemente, tenía ganas de revivirla. Fue por ello que, en el momento en el cual Rocío comenzó a juguetear sobre mi entrada anal con la punta del consolador para luego penetrarme sin piedad, solté un gemido ambivalente que era perfecta muestra de la batalla que en mí libraban el dolor y el placer, la resistencia y la sumisión, la ya mancillada dignidad y el irrefrenable deseo de sentirme humillada. De hecho, la excitación se apoderó de mi cuerpo y pude sentir que me mojaba; en un gesto casi reflejo, doblé y levanté una pierna hacia atrás mientras el objeto, empujado por la rubiecita más detestable del planeta, se abría paso dentro de mí…