Iratxe, bilbaína de categoría

Iratxe, bilbaína de categoría 2019-02-18T11:33:33+00:00

Project Description

Sexo y masaje erótico en Bilbao
Casas de masajes eróticos en Bilbao
Escorts y masajistas de lujo en Bilbao

Iratxe bilbaína, erotismo, elegancia e intimidad

Iratxe.

Guapa y elegante bilbaína.

Te voy a dar el mejor masaje de tu vida y mucho más… pregúntame!

Erotismo, intimidad y elegancia se funden en un  mismo masaje en el que sólo tienes que dejarte embriagar por el placer más intenso.

Mis servicios eróticos te permitirán hacer realidad tus sueños más ardientes en el ambiente más propicio para el disfrute.

Precioso cuerpo de deportista.

Muy implicada.

Discreción y privacidad garantizada.

Citas concertadas.

LITERATURA ERÓTICA


Texto extraído de “Me debes una, morena”

Autor: La Institutriz

Con los dedos separó los labios con ternura, e inició el ritual oral.

El clítoris brotó insultante, en el acto, dispuesto para ser adorado por su lengua; un pincel con el que pintaba obras maestras, efímeramente eternas. El lienzo mostraba la geometría del placer y desencadenaba ovaciones; círculos abstractos y agudos gemidos. Y los labios cubrieron sus labios, y la mano de Alberto movía el resorte del gozo anal, mientras la vulva de Lidia se ofrecía exultante.

Los dedos de Alberto encontraban la tensión de los tejidos; la desazón de Lidia se hallaba en un punto de no retorno, en ese angustiosamente placentero descenso sin frenos, al que una madre solo se deja llevar por quien no la va a frenar.

–Como pares, ¡te mato! –gritó Lidia, amando el arte de su marido.

Con la frenética yema del anular entrando en su vagina, el aliento condensando su vulva y la lengua electrizando su clítoris, Alberto tiró del plug sacándolo de un solo golpe.

Lidia se convirtió en miles de espasmos y convulsos chillidos jadeantes. El orgasmo había golpeado con más fuerza que nunca antes. Y, como un boxeador sobre la lona, Lidia pidió que el combate terminase por K.O. técnico.

Segundos después, abrió los ojos y le observó sonreír. Aún con el aliento acelerado y la voz entrecortada, le preguntó: ¿Qué me has hecho?

Él se levantó despacio de la cama y le dijo:

–Me debes una, morena.