Project Description

Señora mayor puta en Bilbao
Griego profundo con mujer madura en Bilbao
Puta cincuentona en Bilbao

Janeth, madurita elegante y discreta

Janeth.

Mujer madura de 52 años, discreta y elegante.

Me vuelve loca que me la claves por el culo, será el mejor griego de tu vida.

Masaje prostático, lingam o sencillamente relajante.

Arnés, juguetitos.

Entre cálidos besos con lengua y mis labios acariciando tu polla sin goma… explosionarás.

Todo por 100€/hora y sin griego 60€/hora.

  • Estoy las 24 horas.

LITERATURA ERÓTICA


Texto extraído de «American Woman»

Autor: Vieri32

Tomó un preservativo de su cartera cercana, y con total delicadeza, sujetó mi virilidad con una mano, y con la otra me la empalmó. Se repuso con leves líquidos preseminales escurriéndole de su sonrisa pícara, sumida en una hermosa desnudez, si bien la edad hacía de las suyas en los muslos y algo en las caderas, aquello solo lograba acrecentar mi morbo.
Se acostó en el suelo, y sonriéndome, abrió pervertidamente las piernas;
– ¿Te gusta lo que ves? – decía sutilmente mientras con dos dedos separaba vulgarmente sus labios íntimos, revelándome aquella fruta rosada, excitante a la vista y seguramente deliciosa al tacto.
Ni pasaba por mi mente el porqué de aquella actitud. ¡Tal vez el dichoso Karma! En un arrebato de lujuria, caí arrodillado frente a su maduro sexo, me incliné y reposé mi rostro sobre el suyo, la sujeté de la cadera, reposé el glande en su fémina raja, y al tiempo en que volvía a besarla, mecí mi órgano dentro de ella en lento movimiento.
Su interior se notó totalmente lubricado para mi arribada, aunque la sentía obviamente demasiado ancha para mí y con el látex interponiendo nuestros cuerpos. Ella mordía mi cuello con intensidad, aplacando así, sus ganas de gritar. Ladeé mi cabeza para rozar nuestros labios, intenté besarla como nunca, demostrarle que podía ir a su velocidad, manosear aquel cuerpo, recorrer con vivo fuego en mis yemas su piel que como el mío, convulsionaba y transpiraba de los poco rítmicos bombeos, las puntas de nuestras traviesas lenguas punzaban y recorrían en movimientos empapados y estrepitosos.
Apoyé mis manos en el suelo, y adquirí más vigor en las arremetidas al ver aquel rostro estrujándose del placer, al sentir sus erectos pezones rozándome el pecho, los vellos contrarios espoleándose mutuamente, al sentir su cadenciosa lengua invadir con soltura mi boca.