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Puta joven y delgada en Bilbao
Puta jovencita de Madrid en Bilbao
Escort joven viciosa en Balinba de Bilbao

Laida, escort jovencita y complaciente

Laida. 19 años

Joven madrileña amante del buen sexo y muy juguetona.

Precioso cuerpo y unos pechos naturales que cautivan la mirada.

Me encanta la fiesta.

Pongo toda la pasión en lo que hago.

  • Un francés maravilloso.
  • Un sabroso 69.
  • Una cálida lluvia dorada.
  • Un masajito erótico inolvidable.
  • Todo lo que me pidas!

Soy una chica muy implicada y completa que no mira el reloj.

Absoluta discreción.

24 horas.

Discreto parking propio.

LITERATURA ERÓTICA


Texto extraído de «El baño»

Autora: Silvia Eugenia Ruiz Bachiller

Desde que cerraron la puerta se besaron apasionadamente, como siempre y sin dejar de besarse se desvistieron uno al otro. Hubo una pequeña tregua para contemplarse mutuamente, antes de que él le quitara la última prenda, esa que era la única de la cual la despojaba cuando hacían el amor en el despacho o el bufete; esa prenda de encajes que él disfrutaba tanto en desprender de su cuerpo.

Ahora, por segunda vez en más de un año, estaban desnudos ante el otro. Andrés quiso verla, contemplarla, así que dejó de besarla un momento y se separó un poco para poder admirarla a gusto, pero no pudo disfrutar mucho tiempo de la vista, pues tenía prisa por algo más tangible; así que se acercó y empezó a besarle el cuello, bajó a los pechos, el vientre y luego con los labios desprendió el bikini de seda con encajes, que más que ocultar, resaltaba el tesoro que él deseaba descubrir. Ahora no tuvo que pasarlo sobre sus sandalias de tacón, pues fue lo primero que ella aventó cuando entraron a la habitación. Luz María se echó hacia atrás y él la siguió, quedando sobre ella, se frotaron como siempre, pero ¡qué diferencia!, ahora no había ropas que estorbaran ni se interpusieran entre ellos; ella se excitó tanto, que le pidió la unión total, cuando lo hizo, Luz María lanzó un grito que asustó a Andrés “¿te lastimé?”, ella rio, “no, grito de placer, aquí sí puedo hacerlo”. Se sentía feliz de poder demostrar sus emociones y gritar, jadear, gemir ¡era maravilloso!

El la amó apasionadamente y ella le correspondió en la misma forma; cuando sintió que Andrés llegó al “punto sin retorno”, se preparó para el “gran éxtasis”, como le llamaban al orgasmo simultáneo, en el que gozaban más, porque además de su propio placer, disfrutaban del placer del otro. Los dos llegaron al mismo tiempo al final y se sintieron más que nunca como un solo ser en lo máximo de su expresión.