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Laura, joven masajista con manos de seda

Laura, espectacular jovencita de 22 años.

Mujer de cuerpo exuberante, voluptuosos pechos y manos de seda.

Atenta, dulce y cariñosa, Laura sabrá como hacerte desconectar de la rutina del día a día.

Déjate mimar por esta joven masajista que te hará gozar con sus manos y su sensual y exquisito cuerpo.

Servicios muy completos.

Discreción total.

Salidas a hotel y domicilio.

Quedarás plenamente satisfecho y… repetirás!!

Fotos reales!!!

24 horas.

LITERATURA ERÓTICA


Texto extraído de «La petición de Ana»

Autor: CuentaRelatos

La película empezó. Estábamos tranquilos viéndola. Mi polla había vuelto a su estado normal, pero seguía fuera. Y ella seguía prácticamente con el vestido enrrollado a la cintura. La película iba avanzando, era un poco aburrida. Vi de soslayo como abrió las piernas y empezó a tocarse despacio. La miré y se giró hacia mí sin dejar de tocarse. Mi polla se llenó en segundos ante aquella visión. Con una mano se hacía una paja y con la otra se acariciaba las tetas. Su cara expresaba provocación y yo no sabía si tocarla significaría romper el trato, así que me contuve de ponerle una mano encima, por el contrario, me la puse yo. Agarré mi polla y empecé a masajearla, despacio. Acerqué mi mano a sus tetas y le hice un gesto, pidiendo permiso. Ella no hizo ningún extraño, así que agarré una de sus tetas y la sobé mientras nos pajeábamos. Viendo que respondía bien a mi acto decidí ir a más. Introduje dos dedos en su boca y comenzó a chuparlos como si de mi polla se tratara. La excitación me había exaltado. Me arrodillé delante de ella, aparté su mano y empecé a comerle el coño. Tenía un coño delicioso, profundamente depilado y apetecible. Pasé la lengua por sus labios de arriba a abajo, para después centrarme en su clítoris y lamerlo en círculos lingüísticos. Estaba disfrutando, mi lengua saboreaba el paraíso, mi polla iba a reventar y mi excitación estaba exaltada y era correspondida. La lamí un buen rato escuchándola gemir, los otros espectadores también la oyeron y se volvían ocasionalmente para curiosear. Me puse en pie y coloqué mi polla a la altura de su cara, pero ella acercó sus tetas, dejó caer saliva entre ellas y me la atrapó entre ellas. Las agitaba frotándome en medio y en ocasiones lamiendo la punta, hasta que se la metió entera en la boca de una embestida, quedándose con ella dentro varios segundos. Cuando la sacó, un hilo de saliva entre su boca y mi polla brilló en la oscuridad del cine. Me senté y le pedí que se subiera encima. Ella lo hizo mirando hacia la pantalla, dándome la espalda, supongo que no quería perderse nada de la película, pero en realidad lo que quería ver eran las miradas furtivas de los escasos espectadores. Me folló así un buen rato, moviéndose en círculos, en vertical y en horizontal, nunca sentí tanto ritmo en unas caderas. Le miraba el culo agitarse ensartado en mi polla y sentía cómo quería estallar y hacer salir un río de mí e inundarla por dentro. Pero ella se quitó, se sentó al lado, girada hacia mí.

—Quiero que me veas la cara cuando me corra —me dijo—