Letizia, todo lo que deseas en una mujer

Letizia, todo lo que deseas en una mujer 2017-11-20T09:45:54+00:00

Project Description

Belleza latina en Bilbao
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Letizia, completa, cariñosa e implicada

Letizia, todo lo que deseas en una mujer: completa, cariñosa, implicada y escandalosamente sexy.

Un sueño de mujer, una venezolana de 34 años con la madurez y frescura necesarias para hacerte pasar los mejores momentos de tu vida.

Gabinete privado con ducha, masajitos, posturitas, duchita erótica… y mucho más. Todo para tu placer.

Nuestro “encuentro” será espectacular.

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LITERATURA ERÓTICA


Texto extraído de “Margarita y yo”

Autor: Pablo

El roce continúa, también el del bulto de mi pantalón contra su falda. La otra mano se suma al juego y nota el mismo cálido roce que la otra: son dos esferas de puro goce, dos cuencos rebosantes de deseo, en parte provocado por mí, pero también por ella, motivado por los tocamientos. Tras unos minutos en los que mis manos acarician por completo toda la superficie de esos dos magníficos ejemplares de tetas, mi lengua abandona su boca y se dirige al mismo objetivo que mis manos: a través de la blusa, muerdo sus pezones, primero atrapándolos con los labios, pero después presiono también con los dientes: ella lanza un gritito de dolor, leve, ligero, que puede confundirse con placer y gozo.

Apoyo mis manos en sus hombros, y hago que Margarita se ponga de rodillas, quedando su boca a la altura del bulto que, ostensiblemente, brota del pantalón: no puedo aguantar más y aprieto su cara contra el bulto. Ella se muestra reacia, no quiere, pero acabo convenciéndola de que acepte.

Esto no es suficiente, claro, así que me desabrocho el pantalón y me bajo el calzoncillo: el miembro erecto no busca otra cosa que la ansiada libertad, y al verse liberado de la opresión de la ropa, emerge en toda su grandeza, duro, tieso, feroz, en busca del manjar que sabe que le espera. El glande está rojo de excitación, húmedo de deseo refrenado. Pero la cercanía de colmar ese deseo impide toda tentativa de sujetarlo: es como si tuviera vida propia, y se lanza buscando a Margarita, que abre la boca, aceptando este elixir que guardo para ella.

El solo roce de sus labios con el capullo me pone como si me hubieran descargado una corriente eléctrica: es un placer absoluto, como no hay otro, el tener sujeta con las manos la cabeza de una mujer, orientándola para que trague la lanza de un guerrero ansioso. Yo sé que a ella esto no le gusta demasiado, pero lo curioso es que acaba disfrutando tanto como yo. Y además sabe cómo realizar el trabajo: su lengua parece experta en estos menesteres.