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Lorena, colombiana juguetona y apasionada

Lorena.

Colombiana de 28 años.

Super Fiestera.

Déjate llevar por el morbo y la fantasía.

Soy muy juguetona y cariñosa.

Me gusta disfrutar cada momento a tope con mucha pasión.

  • Besos húmedos
  • Caricias
  • Posturitas
  • Francés natural
  • Y muchas cosas más… sólo tienes que pedírmelo.
  • Implicación total.

En la intimidad soy super apasionada, divertida y sensual.

24 horas.

Visa.

Parking gratis.

LITERATURA ERÓTICA


Texto extraído de «El baño»

Autor: Silvia Eugenia Ruiz Bachiller

Volvieron los besos apasionados y las caricias sensuales y ella nuevamente quiso hacerlo gozar, así que volvió, como la vez anterior, a besar todo su cuerpo, a hacerle cosquillas con la lengua: en las pestañas, en las orejas, en el ombligo; él, sintiéndose cada vez más excitado, comentó que tenía una lengua “deliciosa”; mientras ella bajaba por el cuello; los hombros; el pecho, en el que gozaba enredando sus finos dedos entre la oscura vellosidad; que a ella le excitaba acariciar, y que empezaba en un triángulo tupido en el pecho, se angostaba en un sendero que tenía un remolino en el ombligo y terminaba en otro triángulo, más tupido. Luz María siguió el sendero con su lengua y por fin llegó al lugar que él esperaba y donde ella se dio vuelo, “mariposeando” con su lengua de arriba a abajo, de un lado a otro.

El perdió la conciencia de todo lo que no fuera sentir. Murmuraba cosas que ella no entendía, la mayoría de sus palabras eran inaudibles, pero a ella no le interesaba nada que no fuera disfrutar al máximo lo que estaba haciendo. Jamás pensó llegar a excitarse así con una relación oral, nunca creyó que su boca tuviera esa sensibilidad para el erotismo, porque verdaderamente estaba loca de pasión. Andrés, por su parte, trataba de alargar el placer y no quería terminarlo, pero su control andaba perdido en algún lugar de su conciencia, que también andaba perdida.

Cuando lo sintió llegar al “punto sin retorno”, dudó por una fracción de segundo, pero recordó que ella quería vivir esa experiencia, así que no se movió porque ahora, que estaba tan excitada, era el momento ideal para realizar su deseo.

Cuando él se dejó ir, ella se sintió inundada de una tibieza con reminiscencia de sabor a guayaba.