Marta, bilbaína particular

Marta, bilbaína particular 2018-11-14T10:37:42+00:00

Project Description

Escort tetetona madurita en Bilbao
Masaje erótico anal y prostático en Bilbao
Masaje erótico con madurita en Bilbao

Marta, exquisita bilbaína madurita

Marta.

Bilbaína particular.

Para hombres discretos que sepan apreciar la madurez y la exquisitez de un encuentro sin prisas.

Maravillosos masajes eróticos.

Te recibo en un precioso sitio muy acogedor.

De lunes a viernes.

LITERATURA ERÓTICA


Texto extraído de “Mis enormes tetas fueron mi perdición”

Autor: Golfo

-Son todas tuyas durante media hora, lamelas, muérdelas, chúpalas… ¡haz con ellas lo que quieras!

Mi oferta le hizo sonreír y sacando la lengua, llenó con su saliva mi pezón ya erecto. Reconozco que me sentía en la gloria al notar la obsesión de ese hombre por mis peras pero aún más después de un suave mordisco, me dijo:

-Súbete en mis rodillas, quiero disfrutar de las dos.

Ni que decir tiene que obedecí sin caer en la cuenta que al hacerlo mi mojado pubis iba a entrar en contacto con su verga.

«Dios, ¡Menuda tranca tiene el cabrón!», exclamé mentalmente mientras frotaba mi sexo contra el suyo.

Fue entonces cuando ese hombre me terminó de enamorar al decirme al oído que parara porque si se corría quería hacerlo entre mis glándulas mamarias. Os juro que solo con eso, me corrí y como una loca, empecé a sollozar presa del placer con cada lamida de ese madurito.

Lo creáis o no, su lengua al recorrer la piel de mis dos senos fue suficiente para prolongar el gozo que me tenía esclavizada sobre sus piernas. Uniendo un orgasmo con el siguiente, dejé que se recreara con dulces mordiscos, calientes lametazos y crueles pellizcos hasta que al ver que no se saciaba, comprendí que había encontrado a mi príncipe azul en ese hombre, ya que al contrario que los demás tipos de mi vida, ese doctor estaba obsesionado con mis tetas.

«Ni siquiera me ha tocado el culo», medité extrañada pero lejos de molestarme, su obsesión era lo que llevaba buscando toda la vida. Por eso comportándome como un zorrón desorejado, abrí su bragueta y mirándolo a los ojos, le dije llena de lujuria:

-Me encantaría hacerte una cubana.