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Melody, escort simpática y viciosa

Melody.

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LITERATURA ERÓTICA


Texto extraído de «Dos mujeres y la espada de Damocles»

Autor: Golfo

El monitor me devolvió su imagen colorada, encantada, la muchacha fue quitándoselos de uno en uno, mientras se mordía el labio. Pocas veces había asistido a algo tan sensual. Ver como me iba mostrando poco a poco su piel, hizo que me empezara a calentar. Su pecho encorsetado por el sujetador, era impresionante. Un profundo canalillo dividía su dos senos.
–Enséñamelos-, le dije.
Sin ningún atisbo de vergüenza, sonrió, retirando el delicado sujetador de encaje. Por fin veía sus pezones. Rosados con unas grandes aureolas eran el acabado perfecto para sus pechos. Para aquel entonces mi pene ya pedía que lo liberara de su encierro.
–Ponte de pie-.
No tuve que decírselo dos veces, levantándose de la silla, me enseñó la perfección de su cuerpo.
-Desnúdate totalmente-.
Su falda y su tanga cayeron al suelo, mientras podía oír como la respiración de la mujer se estaba acelerando. Ya desnuda por completo, se dedicó a exhibirse ante mí, dándose la vuelta, y saltando sobre la alfombra. Tenía un culo de comérselo, respingón sin ninguna celulitis.
–Ahora quiero que coloques la cámara frente a la cama, y que te tumbes en ella-.
Claudia estaba tan nerviosa, que tropezó al hacerlo, pero venciendo las dificultades puso la Webcam, en el tocador de modo que me daba una perfecta visión del colchón, y tirándose sobre la colcha, esperó mis órdenes. Estas tardaron en llegar, debido a que durante casi un minuto estuve mirándola, valorando su belleza.
Era guapísima. Saliéndose de lo normal a su edad, era perfecta, incluso su pies, con sus uñas pulcramente pintadas de rojo, eran sensuales. Sus piernas largas y delgadas, el vientre plano, y su pubis delicadamente depilado.
–Imagínate que estoy a tu lado, y que son mis manos las que te acarician-, le dije sabiendo que se iba a esforzar a complacerme.
Joven e inexperta, empezó a acariciarse el clítoris.
–Despacio-, le ordené,- comienza por tu pecho, quiero que dejes tu pubis para el final-.
Obedeciéndome, se concentró en sus pezones, pellizcándolos. La manera tan estimulante con la que lo hizo, me calentó de sobre manera, y bajándome la bragueta, saqué mi miembro del interior de mis pantalones.