Muriel, joven escort con muchas ganas de sexo

Muriel, joven escort con muchas ganas de sexo 2018-04-09T15:34:26+00:00

Project Description

Puta complaciente en Bilbao para sexo anal
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Sexo con putilla caliente en Bilbao

Muriel, jovencita apasionada y caliente

Me llamo Muriel.

22 años.

Jovencita muy caliente y con ganas de mucho sexo.

  • Besos.
  • Caricias.
  • Masajes.
  • Posturitas.
  • 69.
  • Francés natural.
  • Fantasías.
  • Lésbico real.
  • Juguetes.
  • Lluvia dorada.
  • Y todo lo que me pidas.

Soy implicada y muy completa.

Me encanta disfrutar y pasarlo bien.

Unos momentos especiales y diferentes.

Visa.

Piso acogedor, climatizado y muy discreto.

24 horas.

LITERATURA ERÓTICA


Texto extraído de “Un tacón roto”

Autor: Alice Carroll

Adolfo acercó su otra mano al sexo de Alicia y, por debajo de los pantalones, lo apresó entre sus dedos, moviendo su mano con gran destreza para goce de ésta. Al sentir sus dedos fue consciente de que estaba empapada en su propio flujo, en ese momento ya estaba rendida al placer. Adolfo se desabrochó los pantalones y le brindó su verga, Alicia se chupó juguetonamente unos dedos y agarró firmemente el instrumento, propinándole un delicioso movimiento de balanceo. Adolfo, ya no se contuvo más y en ese instante, subió la camiseta de Alicia y lamió sus pechos, mordisqueó sus pezones y dejó que sus dedos, que ya estaban completamente humedecidos entre las piernas de Alicia, resbalaran obedientes al interior de su sexo.
Manolo ya no buscaba el disolvente. Hacía tiempo que contemplaba la escena que se estaba desarrollando entre Alicia y Adolfo a través del espejo del baño y únicamente disimulaba haciendo ruido para no desconcentrarles. Pero se estaba excitando con ambos y mientras veía a la pareja, como había hecho muchas veces delante del televisor con sus películas, no pudo dejar de meter su mano debajo de los pantalones y comenzar a masturbarse.

Alicia y Adolfo seguían con los mutuos juegos onanistas y alerta en todo momento a dejarlos si se presentaba Manolo de improviso. Pero Manolo ya no podía más, hacía siglos que no follaba “de verdad”, como él se imaginaba que tenía que ser, mientras culeaba tristemente en la postura del misionero a su mojigata esposa. Estaba a punto de explotar, así que, sin dejar que su cerebro decidiera sobre el desenlace correcto de la situación, se acercó sigilosamente al salón con el nabo en ristre.

Alicia fue la primera que le vio y con un gesto, apartó la mano de Adolfo de su sexo, e intentó bajarse la camiseta, pero Manolo, sin decir una palabra, se acuclilló delante de Alicia, abrió las piernas de ésta y comenzó a morder con avaricia sus muslos. Alicia, que ya estaba excitada al máximo, no pudo remediar gozar con su vecino y no encontró la sensatez suficiente para decirle que lo dejara, que quizás después se arrepentiría cuando María hubiera vuelto. En el momento en que Manolo apartó sus pantalones y hundió la cabeza en su coño, Alicia empezó a notar un calor agobiante en todo su cuerpo y sintió que le sobraba toda la ropa, así que ni corta ni perezosa, se quitó la camiseta y dejó que Manolo bajara sus pantalones y sus bragas mientras Adolfo, que parecía divertido con la situación, se quitaba la ropa para ambientar el nuevo escenario que se estaba desarrollando.

Alicia se tumbó en el sofá, dejó que Manolo siguiera recorriendo con su lengua toda su orografía y se explayara con su vulva, mientras Adolfo, de pie, acercó su miembro a la boca de Alicia. Cada uno de los movimientos con que Manolo agasajaba su sexo era un nuevo aliciente para engullir por entero el pene de Adolfo y darle placer. Sentía el glande en la misma campanilla, pero antes de provocarle una arcada, el movimiento de retroceso de aquella polla, evitaba la misma. Los tres personajes se acompasaban a la perfección, Manolo alternaba su afilada lengua con sus gruesos dedos y Alicia devoraba el tronco de Adolfo, jugueteaba con los huevos y acariciaba con sus dedos no manchados por el pegamento, la base del pene.

Manolo se incorporó y se acercó a su vecina agarrando con su mano el pene y clavándoselo en su coño, provocando que ésta imprimiera un ritmo aún de mayor desenfreno al miembro de Adolfo. Las embestidas de Manolo transportaron a Alicia a uno de los orgasmos que tendría en esa sesión, y como si de un juego de dominó se tratara, fueron cayendo uno tras otro. Manolo era fuerte, los empellones con su verga eran potentes y Alicia gemía mientras seguía afanándose en el miembro de Adolfo, el cual como por simpatía, había adaptado el ritmo de embestida bucal al de su compañero. Una explosión de líquido blanco y caliente inundó la boca de Alicia hasta anegarla, provocando que corrieran por sus comisuras hilos de semen, mientras que a la par, era regada por Manolo, que sacó su pene y dejó que fluyera un manantial sobre los pechos de Alicia.