Naia, escort de curvas perfectas

Naia, escort de curvas perfectas 2018-11-30T09:58:40+00:00

Project Description

Escort joven y modelo en Bilbao
Puta de lujo en Bilbao muy sexy
Puta muy sensual de lujo en Bilbao

Naia, joven escort vizcaína de delicada y suave piel en un cuerpo de curvas perfectas.

Hola, soy Naia, una joven de delicada y suave piel en un cuerpo de curvas perfectas y esbelta figura.
Soy una escort cariñosa y jovial que disfruta entregándose al placer con hombres que saben tratar a una mujer y valorar la buena compañía.

Me encanta acariciar, hacer masajes y sentir el calor de la piel de mi compañero.Con tan solo una mirada, encontrarás en mí la perfecta aliada en tus deseos más ocultos.

Llámame cuanto antes y descubriremos juntos hasta dónde somos capaces de llegar.

Escort en Bilbao
Nombre Naia
Estatura 1,64 m
Idiomas Inglés y Euskera
Color de ojos Verdes
Peso 50 kg.
Profesión Estudiante
Edad 26 años
Medidas 95-59-90
Origen Bilbao
Tipo de acompañamiento Acompañante, Apartamento, Viajes, Visitas
Horario Cita concertada
Disponibilidad Consultar

LITERATURA ERÓTICA


Texto extraído de “Un arrebato de lujuria”

Autor: Charo

Entonces ya no respondí de mis actos. Me sentía como una leona enjaulada, ardiente, con unas ganas terribles de romper las reglas. Me acerqué lentamente hacía él sosteniéndole la mirada y alargué una mano hacia su pecho. Lo noté duro, fuerte, y comencé a deslizarla hacia arriba hasta tocarle el hombro, el brazo… y su tacto me excitó más aún. Rómulo seguía mirándome fijamente, sin moverse, sin apenas atreverse a respirar. Yo volví a dirigir mi mano hacia su vientre y la fui bajando hasta tocarle el sexo por encima del pantalón vaquero. Tenía un paquete enorme, su tacto a través de la tela me hizo estremecer. Entonces Rómulo se retiró, dio un paso hacia atrás y musitó algo así como que él podría ser mi padre.
Yo, a mi vez, avancé, salvando la distancia que él había establecido y me apreté contra su pecho, sintiendo la dureza de su miembro a la altura de mi bajo vientre, respirando el olor a su sudor. Le puse ambas manos a los lados de las caderas y le apreté más contra mí. Y ese fue el resorte. Reaccionó cogiéndome de la cintura y tumbándome de espaldas en la amplia mesa de la cocina.