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Puta rusa y masajista en Bilbao
Puta rusa joven y delgada en Bilbao
Joven masajista y escort rusa

Nika, joven rusa de pechos naturales

Hola, mi nombre es NIKA. Soy una jovencita rusa que estará unos días en Bilbao. Aprovecha!
Rubia delgadita de 26 años y unos preciosos pechos naturales.
Mis servicios son muy variados… pregúntame!
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Mis fotos son reales y recientes
Estoy 24 horas.
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Parking (1ª hora gratis).
Piso discreto y climatizado.
Ven a visitarme y repetirás, seguro!!

LITERATURA ERÓTICA


Texto extraído de «No sabía lo que era disfrutar del sexo plenamente»

Autor: Celia

Llevo muchos años con mi pareja, de hecho es con la única persona que había tenido relaciones sexuales. Creía que mi vida sexual era satisfactoria. No soy mojigata, creo que cuando una pareja está junta, todo lo que los dos quieran está permitido dentro del juego del sexo siempre que no incomode al otro.

Pero un día llego él, Ángel, mi amigo y compañero de trabajo. No tenía problemas en hablar de todo con Ángel, era fácil, nos conocíamos de bastante tiempo. Pero un día después de unas copas… Aún no lo comprendo. Sería el morbo… Me apetecía besarle, ¡de locos! Si es mi amigo no podía entender que lo estaba mirando con otros ojos. Él me conoce también o mejor que yo misma. Me preguntó, “¿qué te pasa por esa cabeza? No callé. Le dije que me apetecía besarle. A él también le apetecía. Fue maravilloso, mi cuerpo respondía como nunca a su boca, su mano por mi pierna hacía que me diera electricidad por todo el cuerpo.

En aquellos días tenía las llaves de Ana, otra compañera de trabajo que no estaba en la ciudad. No lo pensamos ni un momento. Salimos hacia casa de Ana con la única condición de que llegaríamos solo hasta donde uno pusiera el tope, sin pensar que llegaríamos más lejos de esas caricias o besos.

Qué equivocada estaba. Cuando llegamos a casa de Ana nos besamos sin darnos tiempo ni de soltar las llaves. Los besos eran cada vez más urgentes, las manos volaban por encima de nuestra ropa, me encantaba la sensación de que todo mi cuerpo lo deseara, notar que su cuerpo respondía con las mismas urgencias que el mío. Me puso caliente, húmeda, no recordaba eso. Hace años que uso lubricantes en mis relaciones por lo dolorosas que suelen ser, pero en esos momentos no hacía falta nada. Estaba completamente rendida. Cuando sus manos pasaron por encima de mi tanga estaba chorreando. “¿Tienes ganas?”, me preguntó. Era evidente que ¡muchas! Sus dedos entraron en mi húmedo sexo como si nada, provocó una subida de mi temperatura inimaginable. Con dificultad pude desabrochar su pantalón, estaba tan excitado como yo. Me gustó sujetarla en mi mano, notar lo dura que estaba, la movía rápidamente pero Ángel me decía al oído, “no corras tanto, no quiero que se acabe antes de empezar”. Sus dedos eran maravillosos, cómo se movían dentro de mi, estaba a punto de irme. Pero él seguía negándome que le tocara, quería que disfrutara antes de mi orgasmo. Fue delicioso correrme entre sus dedos, nunca antes me había corrido de esa manera.

No lo entendía, yo disfrutaba del sexo con mi pareja, o eso creía. Ángel quería que gozara más todavía. Cuando por fin quedé exhausta del orgasmo pude tocarle, fue delicioso meter el pene en mi boca. Estaba caliente, duro, con ganas de seguir. Disfrutaba de sentir cómo respondía a mis caricias. Sus manos empezaron de nuevo a tocarme los pechos, apretándome los pezones, me hacía arder más y más. Con el pene en la boca, me dijo que no tuviera prisa: “Ahora me toca divertirme con tu sexo”. Al principio no podía abrir las piernas, me daba vergüenza verle entre ellas mientras su lengua entraba, lamía y chupaba mi clítoris. Me puso de pie, besándome los pechos. Bajó hasta quedar de rodillas en el suelo, abrió mis piernas, volvió a tomarme, beber de mis fluidos, sus dedos entraron también en mi vagina, estaba casi a punto cuando le empujé hasta llegar a la cama. Me senté encima de él, moviéndome arriba, abajo… Me decía que no siguiera, que no aguantaría, que quería seguir disfrutando de cómo lo estaba pasando, que para él es mucho más importante que correrse. Pero yo estaba a punto de explotar de placer, necesitaba fusionarnos, que llegara conmigo. Fue maravilloso sentir cómo se iba al mismo tiempo que yo. Mis muslos estaban chorreando de su esperma y mis fluidos… no había tenido nunca un orgasmo como esa maratón a la que me estaba sometiendo Ángel.

Nos relajamos un poco, tomamos algo para hidratarnos. Estaba más que satisfecha, toda la vida usando lubricante para disfrutar del sexo y Ángel consigue que empape todo con mis fluidos. Los orgasmos salían del interior de mis entrañas como nunca antes había sentido.

Sus manos son fuego en mi piel. Damos comienzo a una nueva tanda de besos, caricias, hace que arda en pasión, que me estremezca solo con rozarme. Su boca es un peligro, es experimentada en besar, su lengua en lamerme, conoce cada rincón de mi cuerpo. No entiendo cómo lo ha conseguido. Está pendiente de todas mis reacciones para saber dónde tocarme, volverme loca. Sus manos están otra vez en mi vagina, sus dedos se mueven con mucha rapidez. Vuelvo chupársela, está de nuevo dura, con más ganas. Me pone de espaldas, me penetra desde atrás, dándome pequeños azotes en las nalgas. Cada vez que me azota noto como si fuera a reventarme las entrañas. Empiezo a moverme al tiempo que embiste. “Si no paras, volveré a correrme de nuevo”, me suelta. No quiero parar, quiero sentir esa explosión que mi cuerpo está a punto de experimentar. Noté salir líquidos de mi ser como si un grifo se abriera. Ángel llegó al orgasmo al mismo tiempo, asombrado por la forma en la que estallé. “Nunca había sentido mojarme con los fluidos de una mujer”.