Olivia, guapísima española

Olivia, guapísima española 2018-08-23T12:02:51+00:00

Project Description

Masajista erótica muy guapa en Bilbao
Masaje y francés natural hasta el final en Bilbao
Francés natural y sexo en Bilbao

Olivia, guapísima escort española con cuerpo 10

Olivia.

26 años.

Espectacular española.

Muy guapa y con un cuerpo 10.

Erotismo en estado puro.

Masajes eróticos con gran implicación.

Francés natural hasta el final.

De lunes a domingo de 10 de la mañana a 8 de la tarde.

Inolvidable.

LITERATURA ERÓTICA


Texto extraído de “La masajista me pone caliente”

Autor: Relatosdesexo

– Date la vuelta – Casi fue un susurro.

Obedecí con la precaución de que la toalla no enseñara más de lo que debía. Patricia volvió a situarse en mi cabeza, no sin antes realizar el ritual de frotar su pierna contra mi mano, está vez fui yo quien alargó el momento, dejando resbalar un poco mis dedos por su media. Noté sus dedos en mis sienes, abrí los ojos y tardaron unos segundos a acostumbrarse a la escasa luz de la estancia. Patricia me observaba con una pequeña sonrisa. No llevaba la bata, sino una ajustada camiseta de tirantes que parecía que se iba a romper a la altura de su pecho, sus pezones erectos denotaban que ella tal vez estuviera caliente como yo, mi verga daba algún respingo debido a la erección y sinceramente, ya no me daba vergüenza, lo había provocado ella.

Se reincorporó hacia delante para llegar hasta mi abdomen, sus preciosas tetas se pasearon alegremente rozando mi cara, su pelvis golpeaba contra mi cabeza, coloqué mis brazos hacia atrás y sus piernas quedaron encajadas entre ellos. Patricia subía y bajaba en un suave vaivén, cada vez retiraba un poco más la toalla. Mi falo estaba a punto de descubrirse en todo su esplendor.

Mis manos dejaron de estar inertes para acariciar dulcemente la parte trasera de sus muslos, Patricia no decía nada. Subí lentamente y mis dedos llegaron hasta la parte baja de sus nalgas, no había indicios de ropa interior. En uno de los rítmicos movimientos, sus manos resbalaron sibilinamente debajo de la toalla, masajeando mis caderas, mientras con sus dedos exteriores daba continuos golpecitos a mi tiesa verga.

No hablábamos, sólo nuestros sollozos de vez en cuando resonaban por encima de la música. Decidí que si ella podía tocar mis partes, yo también podía hacerlo con las suyas. Lo que había comenzado con movimientos esporádicos, ahora ya era un sobeteo en toda regla de sus piernas y su culo. Interné uno de mis dedos entre ellas y llegué a su coño desnudo, mojado, caliente, rasurado, precioso. Ella gimió y con un movimiento seco desplazó la toalla dejando mi polla desnuda ante su vista. Mi dedo enseguida encontró su botoncito de placer y comencé a acariciarlo en círculos. Ella comenzó a masajear mi verga lentamente. En un movimiento rápido, se subió a horcajadas sobre mi cara, cosa que aprovechó para comerse literalmente mi falo, yo hice lo mismo con su coño, el aroma a hembra que desprendía hizo que mi empalme creciera dentro de su boca. Comenzamos un sesenta y nueve increíble, sus piernas contenían mis brazos mientras sus caderas luchaban contra mis labios buscando la posición más placentera. Succionaba cada vez más fuerte mi polla y yo hacía lo mismo con su clítoris, jugaba con él, lo chupaba, lo lamía despacio y luego aceleraba trazando círculos con mi lengua. Estuvimos un par de minutos así, hasta que Patricia con otro movimiento rápido dio un respingo y se situó sobre mi verga y se la incrustó de un golpe en su interior. Yo exclamé, caliente, suave, terso, sublime. Ella de espaldas a mí, como si le diera vergüenza lo que estaba sucediendo, yo acariciando las plantas de sus pies mientras veía su precioso trasero saltar sobre mi. Colocó sus pequeños pies en mi boca, y comencé a lamerlos, saboreando cada recoveco de sus plantas, de sus dedos, de su talón. Ella me cabalgaba rítmicamente, con uno de sus dedos lubricado en el liquido de masajes, me acariciaba los huevos, era una sensación increíble.