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Sexo anal, griego en Bilbao

Paula, los placeres más intensos

Paula.

18 añitos.

He venido a Bilbao para disfrutar de los placeres más intensos. ¿Quieres disfrutarlos conmigo?

Olvida tu rutina y ven a conocerme!

Vamos a gozar juntos con las posturas más ricas y atrevidas. Te va a gustar!

Empezamos con una duchita erótica, luego un rico masaje cuerpo a cuerpo, un húmedo francés natural,… un servicio completo de verdad.

Estoy segura que vas a querer repetir!

24 horas.

Ven y te invito a una copita.

Parking propio (1 hora gratis).

Visa.

LITERATURA ERÓTICA


Texto extraído de «Odio a mi vecina»

Autor: Alex Blame

Carla sonrió de forma lasciva lamiéndole la punta de la polla una vez más antes de levantarse, separar al notario de un empujón y exhibirse ante él. Arremangándose la minifalda poco a poco mostró unas piernas delgadas y torneadas, enfundadas en unas medias oscuras. Se giró con gracia, subida en los tacones de aguja y se la levantó aun más hasta dejar a la vista un culo redondo y apetitoso como la manzana prohibida del paraíso.

El notario se acercó e intentó penetrarla por detrás, pero ella se resistió y le rechazó de nuevo encantada con sus signos de frustración. Se dio la vuelta y bailó ante él provocándole, acariciándose el interior de sus muslos y apartando el tejido del tanga para mostrarle su sexo totalmente rasurado.

El notario daba más risa que otra cosa allí, de pie, con los calzoncillos en los tobillos admirando como la joven se abría la blusa y le mostraba unos pechos grandes y redondos sin parar de bailar.

Finalmente Carla se subió al capó de su Mini y abrió las piernas invitando al hombre a entrar. El notario se acercó caminando como un pingüino y babeando de deseo se introdujo entre sus piernas. La joven suspiró y le dejó hacer apoyando la cabeza sobre su hombro.

El hombre entró con golpes rápidos y bruscos mientras ella gemía suavemente y le abrazaba mirando en mi dirección. Durante un momento se me pasó por la cabeza que la joven me había descubierto, pero lo pensé bien y me pareció imposible, allí tras un columna, envuelto en la oscuridad, mientras ella tenía una de las luces de emergencia encima, deslumbrándola. Me pareció casi imposible que ella me detectara. Estaba totalmente convencido de ello cuando abrió los ojos y miró en mi dirección mordiéndose el labio.