Paula, complaciente y sensual 100%

Paula, complaciente y sensual 100% 2018-04-30T15:43:10+00:00

Project Description

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Paula, joven latina muy fiestera

Paula.

26 años.

Increíblemente sensual y bonita.

Latina atractiva y super fiestera.

Muy caliente e implicada, soy muy complaciente.

Disfruto intensamente del sexo.

Me encantan los juegos, el morbo, dar y recibir placer.

Muy completa:

  • francés natural con final feliz
  • ducha y masajes eróticos,.
  • lluvia dorada,.
  • posturitas.
  • un buen 69
  • caricias y besos
  • sexo puro sin límites.

En la intimidad destaco por mi erotismo y sensualidad.

24 horas.

Piso discreto y acogedor.

Copa y parking gratis.

Visa.

Llámame ahora y no podrás olvidarme nunca.

LITERATURA ERÓTICA


Texto extraído de «La degustadora de placeres»

Autor: Alice Carroll

Los vibradores son mi debilidad. Sus llamativos colores, su olor afrutado y sus divertidas pero excitantes formas y rugosidades. Las vibraciones que producen me precipitan irremediablemente a una cascada de orgasmos en un breve lapso de tiempo. Soy especialista en estos placeres y guardo en mi caja negra de terciopelo todo un ejército de ellos al servicio de mi sexo. Por supuesto que a todos los he dignificado como merecen bautizándoles con un nombre: “Manolito”, “Conejito”, “Bichito”… El diminutivo que les aplico nada tiene que ver con su aspecto y su forma real, es simplemente un cariñoso apelativo como agradecimiento por estar siempre a expensas de mi ansia de placer.

Anoto los resultados de mi análisis técnico en una pequeña hoja de papel y posteriormente paso al análisis empírico, la mejor parte del estudio. Me desnudo con ansiedad, cojo uno de mis placeres y me masturbo con él. Pruebo mil posiciones y posturas, compruebo todos sus usos y toco todos y cada uno de sus botones en el caso de que vaya a pilas. Gracias a Dios que mi empresa me suministra de baterías, no tendría presupuesto para adquirir el arsenal que gasto mensualmente.

Hoy al llegar a casa me he encontrado con una grata sorpresa: mi empresa ha adelantado su envío una semana y el cartero ha puesto en mis manos un grueso paquete. He entrado en casa acelerada, tirando descuidadamente el bolso a la cama y he destrozado el continente de lo que va a ser mi trabajo de este mes. Con estupor observo que sólo hay un objeto en la caja envuelto en plástico transparente. Rasgo el mismo y contemplo dubitativa el curioso aparato. Es un endeble rectángulo del tamaño de un cojín, más estrecho si cabe, su color es encarnado oscuro y su tacto, sorprendentemente no es siliconado sino de un material similar a la goma. Es evidente que se trata de un vibrador dado que de uno de sus extremos sale un pequeño cable que termina en un enchufe. Ese detalle lo considero un punto negativo. Me gusta la independencia en mis juegos onanistas, adoro revolcarme sin reparo encima de las sábanas y no me gusta que un cable me sujete y me fuerce a disminuir mis maniobras. El mando a distancia que lleva me gusta, es pequeño y ligero. Consta de tres botones y una pequeña rueda. Anoto cada punto examinado en mi hoja de papel.

Observo que en el extremo opuesto hay una especie de pitorro y comprendo que es necesario inflarlo antes de su uso. Acerco mis labios y soplo con fuerza hasta que el rectángulo adquiere consistencia. El fabricante del juguete ha tenido el detalle de incluir en su mercancía una discreta funda del mismo color para introducir en ella el gigantesco y extraño vibrador. Prefiero el tacto de la silicona, pero estoy abierta a nuevas sensaciones.

Enchufo el aparato y pruebo los botones, su manejo es muy simple: la pequeña rueda regula la temperatura pues al moverla, siento en mis manos una cálida sensación y los botones se encargan de modificar la intensidad vibratoria. Calor y vibración, dos puntos positivos, mas su forma de cojín me hace dudar. Me desnudo y me tumbo encima de mi juguete. Entiendo que simplemente actúa sobre el clítoris así que me recreo en él. Abro mis piernas y froto mi sexo contra él, siento su calor y me asombro de sus magníficas vibraciones. Es algo aparatoso pero consigue su objetivo que es llevarme al orgasmo y hacerme pasar un rato muy entretenido. La tela ha quedado completamente mojada tras mi explosión de placer y comienzo a quitarla para meterla en la lavadora.

En ese instante, el timbre de mi casa me saca del ensimismamiento en el que estoy imbuida. Me coloco el albornoz y abro la puerta mientras recoloco aceleradamente mis revueltos cabellos por el rato de solitaria lujuria.