Descripción del proyecto

Puta de Honduras muy joven y complaciente
Joven puta y masajista en Bilbao
Masajista erótica y puta en Bilbao

Ruby, joven hondureña super complaciente!

Ruby.

Hondureña super complaciente!!

Morenaza de 20 años con preciosos pechos y estupendo culo respingón.

Jovencita muy sexy y fiestera.

Cachonda, guapa, divertida, morbosa y viciosa.

Fiesta a tope y sin prisas, sólo para caballeros fiesteros y de buen gusto.

Masajes eróticos como tú prefieras: con mis pechos, con mis manos o con todo mi cuerpo.

Intimidad y discreción.

También salidas a domicilio y hoteles.

LITERATURA ERÓTICA


Texto extraído de «Margarita y yo»

Autor: Pablo

La beso en la boca, con fuerza, con pasión, y ella responde de igual forma. Aprieto más su pecho, y ella responde entregándose más a mí, ofreciéndome su cuerpo. La llamo puta, y ella lo acepta. Meto más adentro los dedos en su sexo, y ella en lugar de retraerse, se me vuelve a ofrecer, haciendo que los dedos se hundan más en su interior. Vuelvo a llamarla fulana, hija de tal y de cual, yo qué sé cuántas cosas: estoy loco de deseo y pasión. Sigo sin estar erecto a pesar de todo, así que la hago ponerse de rodillas, me desnudo, y le meto el aparato en la boca, para que me reanime: sé que no le gusta que la humillen de esa forma, pero lo logro otra vez. Esta vez sin mete-saca, sólo chupar y lamer: Margarita sabe lo que hace, y al poco rato mi lanza está de nuevo dispuesta para el combate, un combate que yo voy a manipular para que dé el resultado que me apetezca. El miembro ha cobrado vida como antes, está tieso como un palo, erguido como un mástil, anhelante y lleno de vida, cargado y en disposición de dar servicio de nuevo. No dejo que Margarita se lo saque de la boca. Noto en sus ojos que teme que vaya a pasar lo de antes, abajo, cuando descargué mi furia en su boca y la dejé sin sentir dentro de ella el poderío de aquella potente máquina. La tengo así unos minutos, sin que sepa qué va a pasar: si volveré a correrme en su boca, privándola de un placer como aquél, o si aquello no son más que preparativos para una batalla posterior. Yo ya sé lo que va a pasar.

Me retiro de su boca, con el pene húmedo por su saliva, ya que, pese a su temor, ha trabajado de firme, disfrutando de aquel sabor, de aquel manjar en su boca, y hago que se tumbe en la cama: lo hace. Está boca arriba, con las piernas abiertas, mostrándome aquel tesoro incandescente, palpitante, anhelante y húmedo. Voy hacia ella, le acaricio los muslos, luego me inclino y beso el tesoro, pasando la lengua por el exterior, haciéndome con parte de su zumo