Sabrina Ríos, trans bellísima e inolvidable

Sabrina Ríos, trans bellísima e inolvidable 2018-03-08T16:58:06+00:00

Project Description

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Sabrina Ríos, bellísima trans para momentos verdaderamente inolvidables

Soy Sabrina Ríos, una bellísima trans, disponible para momentos verdaderamente inolvidables…

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Disponible para hombres de alto nivel.

Total discreción.

24 horas. Visa.

LITERATURA ERÓTICA


Texto extraído de “Con Maite y Marcela una noche diferente”

Autor: Vald

Marcela se acercó a mí, descubriéndome la gloria de muslos compactos y entonces, reventando unas braguitas semitransparentes de encaje, pude adivinar con toda claridad el mayor miembro masculino que hubiese soñado en mi vida. Aún estando en reposo, era tan aparatoso que sus bragas no podían abarcarlo, tendía la tela hacia fuera hasta dejarla tirante, en la cintura deformaba las gomas elásticas que lo aprisionaban, clavándolas en el cuerpo macizo de la mulata y, finalmente, se escapaba por los lados.

Así que, ahí mismo me puse de rodillas. Había perdido el autocontrol y no podía resistirme, acerqué mi mano y acaricié aquella tela sufriente con mucha suavidad. Las yemas de mis dedos se sorprendieron con la húmeda calidez que despedía. Deposité la mano encima del pene y pude sentir como se movía, se enderezaba sin esfuerzo, apartaba la braguita y se asomaba al exterior. Tomé con los dedos el elástico de sus bragas y las bajé.

Una manga gruesa y larga, del color del azabache se desenrolló delante de mis ojos atónitos, cayendo hasta la mitad del muslo. “Cógelo sin miedo, no te morderá” me sugirió. Lo tomé con la palma de la mano y lo levanté un poco. Su tamaño era sobrecogedor, pero su tacto aterciopelado y cálido era reconfortante. Percibí como se hinchaba en la palma de mi mano y comenzaba a enderezarse. El prepucio, una oscura flor de piel que coronaba aquella pieza extraordinaria, se retiraba suavemente por sí mismo, y tal y como el agua descubre la arena al retirarse la marea, apareció la superficie curvada y brillante del glande, dividido en su mitad por un profundo canal del que manaba una gota radiante del líquido del amor.

Bajé la cabeza y besé el extremo de aquel miembro ingente. Su prepucio, de una piel increíblemente suave, literalmente ardía, despedía el calor de los rayos de sol en las playas de Brasil. Con sólo aquel levísimo toque comenzó a aumentar de tamaño, hincharse y estirarse. Recuerdo perfectamente aquel primer encuentro con su sabor: era delicioso, excitante, cálido, sutilmente salado. A medida que apartaba el prepucio con los labios apareció la tersa y delicada piel del glande que se deslizó sobre mi lengua con suavidad.

Con el dedo que apartaba la tela pude percibir que la trompa de Marcela continuaba hinchándose sin interrupción, era una serpiente desenroscándose perezosa al sol. Comencé, con mucha lentitud a subir y bajar, envolviendo dentro de la boca aquel obelisco inflamado. Una y otra vez, con cada uno de los recorridos notaba como aumentaba su rigidez.

Después de deleitarme disfrutando de aquellos primeros movimientos de reconocimiento deslicé la lengua sobre el meato. Sorbí con deleite una pequeña gotita que se había formado. Lo abrí con mucho cuidado y apoyé con dulzura la lengua en aquella pequeña abertura. Escuché un nuevo gemido.