Sara, hermosa niña tranx

Sara, hermosa niña tranx 2018-03-08T16:56:51+00:00

Project Description

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Sara, preciosa travesti jovencita

Hola, soy Sara.

Una hermosa niña de 19 años.

Recién llegada a la ciudad.

Mis servicios son muy completos:

– sexo oral.

– sexo anal.

– besos.

– caricias.

– abrazos,

– trato de novios,…

¡Todo lo que quieras y desees!

Mi servicio es seguro y garantizado.

¿A qué esperas?

LITERATURA ERÓTICA


Texto extraído de “Una enigmática mirada violeta…”

Autor: galadavid

Incapaz de mantener por más tiempo, mis ojos abiertos, mi cabeza fría y coherente y mi resistencia en firme, me abandoné al destino más incierto. Cerré mis ojos, no sin antes grabar con fuego en mis retinas, la imagen tan hermosa de su varonil rostro tan cercano, y la promesa de sus palabras velada en su prendida mirada violeta.
Sentí sus labios carnosos como se posaron lentos, muy lentos y delicados, sobre los míos, transportándome a un plano superior, irreal y desconocido hasta entonces para mí, a través de su gélida y sutil caricia. Entreabrí mis labios, permitiendo que su húmeda y resbaladiza lengua se colara en el interior de mi boca, cual serpiente tentadora. Su sabor era misterioso…Una extraña mezcla de matices, que bailaban entre los sabores dulces del Cardhu y la frialdad extraña del metal. Era tan excitante como desagradable, pero ya nada importaba para mí, salvo ser suya. Entregada, al más puro y carnal de los deseos, como jamás antes lo había estado en los brazos de un hombre, me aferré con fuerza a él. Rodeé con mis brazos sus hombros, ocultando bajo sus negros cabellos largos y lacios, mis dedos entrelazados, saboreando sedienta y extasiada su misterioso sabor. Nuestras lenguas se buscaban, se rozaban delicadamente para de nuevo separarse y buscar nuevos recodos que acariciar, en el interior y el exterior de nuestras bocas. Sus fuertes brazos habían rodeado con posesión mi pequeño cuerpo contra su inmenso cuerpo, dejando nuevamente patente quien era el dueño del momento. Un delicado impulso por su parte y me encontré aferrada a su cuerpo con brazos y piernas. Los besos ya no eran delicados, habían tomado la confianza suficiente para profundizar, y saborear y beber a boca llena cada gota de saliva. Una de sus masculinas manos, que hasta entonces se habían mantenido prudentes, había ascendido por mi espalda hasta mi cabeza, manteniéndola firme, atrapada contra la suya…mientras su otra mano recorría ya descarada por completo mi espalda, mis costados…rozando provocadora el contorno de uno de mis pechos, hasta que yo misma, necesitada del contacto firme y posesivo de aquella palma de su mano sobre mi hinchado pecho, provoque el encuentro. Gemido mutuo, ahogado en nuestras propias bocas, irritadas de tan larga entrega sin mesura. Una suave e inesperada brisa hizo bailar mis cabellos despeinados. Un cosquilleo vertiginoso en la boca de mi estómago y un golpe seco en mi espalda que golpeó también de forma inesperada contra algo duro… y mi cuerpo dejo de estar recostado sobre el de él, y fue el cuerpo de él quien se recostó sobre el mío. Separó con decisión nuestras bocas, cesaron los sedientos besos, y ante su ausencia, abrí mis ojos, justo en el momento que él rasgaba con decisión mi camiseta, dejando al aire mis pequeños pechos desnudos, florecidos, hinchados… deseosos de ser acariciados, saboreados, devorados por sus manos y sus labios. Deseo que en pocos segundos se vio cumplido. Sus manos gélidas, con el dorso sobre mi piel erizada, resbalaban torturadoramente lentas por mis pechos, dibujando extrañas formas sobre la redondez de mis pechos, rozando delicadamente mis pezones, más erguidos y duros de lo que nunca antes lo habían estado. Se mostraban descarados, erguidos, pidiendo a gritos ser pellizcados, devorados… Y tan descarada como ellos, tiré de sus largos cabellos provocando nuevamente aquel encuentro. Sentir su lengua húmeda sobre mis calientes guindas me hizo entornar de nuevo mis ojos, echar la cabeza hacia atrás, recostándola con dejadez contra la pared, y gemir descarada y escandalosa bajo el embrujo de su poder. Sus manos rodeaban mi espalda desnuda, curvándola hacía él, a la vez que chupaba y succionaba mis pezones. Aquella postura incómoda había conseguido la unión aún más perfecta de nuestras caderas y no dudé un segundo en restregarme cual minino meloso contra la ya abultada bragueta de su pantalón.