Descripción del proyecto

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Sara, masajista erótica con un cuerpo 10

Sara.

Una masajista erótica con un  cuerpo 10.

Masajes eróticos con una mujer implicada y discreta.

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Fotos reales.

Horario: de 10:00 a 20:00 horas.

Discreción total.

LITERATURA ERÓTICA


Texto extraído de «Masturbándome con mis lectores»

Autor: DraJulia

El morbo sin ningún tipo de tabú y restricción de mis lectores había hecho que mis pezones se pusieran duros. Estaba encontrando en sus palabras sucias y degeneradas así como las sutiles y amables un placer inmenso. Ni siquiera la pornografía me podía otorgar ese nivel de excitación. Gentilmente fui tocando mi pecho sobre mi blusa blanca abotonada y acaricié mis pezones por encima de ella. Mis dedos estaban tan cerca y tan lejos de ellos. Los separaba una barrera de algodón entre mi camisa y mi ropa interior. Lentamente me comencé a desabrochar la blusa. Botón por botón me desvestía sensualmente, como si lo hiciera para alguien más, como si otro hombre me estuviera viendo. Lo hacía pensando en mis lectores, en todos esos hombres y en su deseo. Mi piel estaba erizada en su totalidad y cada roce de mi mano provocaba un estremecimiento nuevo y placentero. Toqué dulcemente con mi mano el borde de mi aureola y mi pezón reaccionó poniéndose aún más duro. Mordí mi labio inferior disfrutando cada segundo del roce de mi mano, imaginaba que era la mano de miles de hombres diferentes. Cada uno con una manera distinta de acariciar mi pecho. Mojé mis dedos con mi saliva chupándolos y pensando que eran sus penes. Distintos tamaños y formas venían a mi mente mientras cerraba mis ojos. Y probaba con mi boca su dulce sabor. Seguía leyendo sus comentarios mientras acariciaba de nuevo mi aureola. Con una mano bajaba el renglón y leía cada uno de ellos. “Quiero cogerte como a una perra” –leí en uno de los comentarios-. Mis pezones pedían a gritos ser succionados por alguien. Debido a la falta de compañía en mi habitación tuve que hacerlo yo. Tomé con firmeza mi gran y redondo seno por debajo y lo llevé a mi boca. Al besarlo, de nuevo imaginé la boca de alguien más. Dientes distintos mordiéndolos y succionándolos dulcemente. No podía creer el placer que provocaba el sentirme deseada por tantos hombres.