Valeska, monumental Trans

Valeska, monumental Trans 2018-04-18T18:12:23+00:00

Project Description

Travesti negra con polla de caballo en Bilbao
Travesti mulata exótica y sensual en Bilbao
Trans mulata muy femenina y erótica en Bilbao

Valeska, trans con miembro de caballo

Valeska.

Monumental Travesti de 179 de estatura.

30 años.

Negra, viciosa y profesional del sexo.

  • Besos.
  • Caricias.
  • El mejor sexo oral, súper húmedo y profundo.
  • Experta en 69.
  • Fetichismo.
  • Estimulación prostática.
  • Lluvias.
  • Morbo.
  • Vicios.
  • Penetraciones.
  • Cambio de roles.
  • Fiestas.

Con una hermosa polla de 23 cm dura y de larga erección!

24 horas.

Salidas.

LITERATURA ERÓTICA


Texto extraído de «Huelga de metro»

Autor: Alice Carroll

Sintió el calor del cuerpo de aquel desconocido, era un hombre, de eso sí que empezaba a estar casi segura. No era más alto que ella, intuía su aliento en la nuca. Se apretó intensamente a ella, tanto, que Alicia pudo notar de forma palpable su miembro en erección. Lo restregaba contra su trasero una y otra vez. Alicia percibió aquellas manos deslizándose por su cuerpo hasta que llegaron a sus pechos. Miró hacia abajo y vio dos sospechosos bultos bajo el jersey. Comenzaba a estar inevitablemente excitada, sentía transformarse su fogosidad en minúsculas gotas resbalando de su sexo hasta depositarse obedientes en su ropa interior. Hacía calor, sentía la temperatura de su compañero y su propia calentura. Aquellas manos aferraron sus pechos, todo su cuerpo se estremeció, su vello se alzó en punta y un ligero temblor sembró de debilidad sus piernas. Los dedos de su atacante conquistaron el sostén, bajándolo ligeramente hasta que llegaron al que parecía ser su objetivo: sus enhiestos pezones. El desconocido comenzó a estirarlos y a retorcerlos hasta el punto de que el dolor comenzó a hacer mella en ellos. Pero Alicia se dejaba, le excitaba la sensación de ser vulnerable, de no conocer al hombre que, por sorpresa y ante aquel gentío, había violado su intimidad. La sensación de placer podía con ella y la necesidad de gozar en ese momento se le hacía imperiosa. Estaba siendo atacada por sus flancos más débiles, sus pechos, hipersensibles a cualquier roce, y sus nalgas, que pedían aún una mayor tortura. Sintió una mano resbalando hasta su bolsillo derecho, metiéndose en él, buscando con el tacto un acercamiento más profundo. No tardó en encontrarlo, los bolsillos de sus pantalones eran grandes y dejaban un amplio margen de maniobra.