Descripción del proyecto

Sexo y masaje erótico en Bilbao
Francés natural con puta vasca en Bilbao
Escort vasca en Bilbao

Vanesa, escort atrevida y desinhibida

Vanesa.

22 años.

Joven escort desinhibida.

Una chica que desprende sensualidad y despierta los instintos más básicos de los que están a su lado.

Cuando la conozcas desearás poseerla de mil maneras, y con ella… todo es posible.

Una escort atrevida y desinhibida, con un cuerpo moldeado y unas tetas grandes y perfectas que te volverán loco.

Adora el sexo en todas sus facetas y la encanta disfrutar de todos los placeres.

Saborear un caliente sexo masculino es lo que más la excita.

24 horas.

LITERATURA ERÓTICA


Texto extraído de «Regalos»

Autor: Sigma

Dianne perdió la noción de tiempo mientras entraba en trance, el de un camino lento y serpenteante, pero inevitable, hacia el éxtasis. Sus sábanas y almohadas se humedecieron con el sudor y sintió el aire de su alcoba caluroso y espeso con su humedad que nublaba las ventanas y el espejo, pero en ese punto no era capaz de preocuparse de nada que no fuera su placer. Vio, pero no le importó, el ocaso convirtiéndose en crepúsculo a través de su nebulosa ventana.
De repente, empezó a empujar sus caderas adelante y atrás, más y más rápido, como con un amante fantasma. Poco a poco su cabeza empezó a lanzarse adelante y atrás, golpeando el colchón, y rebotando hacia adelante con más fuerza. Miró abajo y vio cómo su entrepierna estaba ahora encerrada en perfecta y brillante negrura. Vio cómo su coño ahora era una depresión estrecha, poco profunda, en una perfecta suavidad y eso la impactó.
Dianne dio un pequeño chillido de liberación con su femenina garganta cuando se sobrecargó de placer. Sus caderas saltaban ferozmente mientras ella se azotaba y giraba, con la acariciante sensación de las suaves almohadas y la colcha. Sus largos mechones rubios volaron salvajemente, latigueando su pecho, sus hombros y espalda.
Con un gruñido final de placer Dianne se dejó caer en su ahora desarreglada cama, apenas sentía los hilos de sudor que le bajaban por la cara. Se quedó quieta, respirando profundamente y saboreando las contracciones de su coño mientras ordeñaba el consolador elástico por su semen imaginario.
Dianne gruñó de sorpresa cuando otra ola de placer inflamó su coño. Su mente se volvió completamente animal mientras rodaba y se acariciaba entre sus sabanas húmedas de saliva y sudor hasta que se vino de nuevo.
Una y otra vez, fue llevada al orgasmo, cada vez su mente quedaba más nublada. Los orgasmos continuaron hasta que estaba tan cansada que su cuerpo apenas se movía y su mente tenía largo tiempo perdida. Finalmente se desmayó por el agotamiento absoluto, y sólo durmió allí desnuda con sus piernas extendidas y bien abiertas.