Descripción del proyecto

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Yaiza, amante del sexo salvaje

Yaiza, exuberante chica canaria a la que le apasiona el sexo.

Experta masajista erótica especializada en masaje tailandés.

Disfruto mucho con el sexo salvaje pero también me apasiona el sexo relajado.

Si te gusta el sexo sin límites, llámame.

Griego a tope y mucho vicio.

Te recorreré enterito con mi lengua y después… lo que tú prefieras.

¿A qué esperas?

Visa.

24 horas.

Placer con higiene y discreción.

LITERATURA ERÓTICA


Texto extraído de «Mi compañera tetona»

Autor: CuentaRelatos

Seguí besándola más locamente notando que ella estaba cada vez más entregada. De repente le agarré su culo y lo apreté con fuerza hacia mí.

Seguí subiendo con mis manos. Mi obsesión eran sus tetas. Quería tocarlas, lo necesitaba, 5 años viéndolas delante de mi sin poder tocarlas y ahora se me presentaba la ocasión. La camisa era suave, pero sus tetas, ¡que tetas! Blandas. Ella soltó un gemido cuando se las acariciaba a través de la camisa. Le besé el cuello mientras las sobaba, hasta que le comencé a desatar los botones. Cada botón que soltaba era una delicia. Tenía las tetas casi aplastadas una contra la otra por la presión del sujetador, que cómo no, era blanco, tal y como yo veía a través de su jersey rojo durante el trabajo. La quité la camisa y la dejé en sujetador, por cierto, bastante grande. Se las seguí masajeando con las manos dándole besos en la parte de las tetas que estaban al descubierto. La giré, la di la media vuelta para agarrarle por detrás, cuando me di cuenta que nos reflejábamos en el espejo.

Qué bonita visión, no me lo creía, sobándole las tetas. Ella tenía los ojos cerrados jadeando a cada movimiento de mis manos. Al final desabroché su sujetador. Qué tetas, eran inmensas, con unos pezones un poco sacados y unas aureolas grandes. La comencé a pellizcar los pezones y ella gemía, estaba totalmente excitada. La volví a dar la media vuelta y le desabroché el botón del pantalón.

(…)

La bajé la cremallera y más tarde los pantalones, dejándola en bragas delante de mí. Las bragas eran un poco transparentes, dejándose ver su buena mata de pelo negro. Deseaba saborear su coño por lo que me apresuré a bajarle rápidamente las bragas. La subí encima del mármol del lavabo y la abrí las piernas.

– ¡Qué coñazo tienes! ¡Es el más grande que he visto nunca!
– ¿Te gusta?
– Me encanta, además está tan mojadito… Quiero comerte el coño.

Introduje rápidamente mi cabeza entre sus piernas sin esperar a su respuesta y comencé a saborear su gran coño. ¡Qué delicia de coño! Era grandísimo, comencé a mordisquear suavemente sus labios y con la lengua los iba separando hasta encontrar su clítoris. Era bastante grande. Cuando pasé la lengua por encima note como se le estremeció todo el cuerpo y como un seco alarido salió de su boca.

(…)

Comencé a lamerle toda su raja, qué exquisito sabor. Me encantaba ver la situación. Ella abierta de piernas encima del mármol del lavabo y yo con mi cara en todo ese gran coño. ¡Que delicia!